viernes, 17 de marzo de 2017

¡Qué suerte tener un sueño y poder ir tras él!

ABUELO
Nadie hace nada perfecto la primera vez. Voy a enseñarte una cosa. Aquí está. Mira. (Entrega a Shizuku una piedra que contiene una esmeralda en bruto.) Tienes que buscar la joya que hay en tu interior.



" Susurros del corazón" de Yoshifumi Kondo

SHIZUKU

Tengo mucho miedo de que en mi interior no haya una piedra preciosa como esta. Voy a esforzarme mucho. 

ABUELO
Eres maravillosa. No hay prisa. Tómate tu tiempo para que puedas ir puliéndola. Trabaja duro para escribir tu propia historia.

viernes, 3 de marzo de 2017

Caminando, encontré... carboneras y caleras

El carboneo fue otra de aquellas actividades características de las localidades de montaña, relegada al olvido. A partir de la quema lenta de la madera, se obtenía el carbón, que se comercializaba como combustible para hornos y estufas. La materia prima utilizada dependía de la vegetación arbórea que dominara el territorio en cuestión. Principalmente, en nuestros montes se utilizaba madera de carrascas y alcornoques, y también era muy apreciada la sabina donde predominaba. Aunque son difíciles de encontrar, si damos un paseo por nuestros montes, pueden descubrirse las carboneras. Son los vestigios que quedan de esta práctica ancestral, de los que apenas se distinguen unos círculos de piedra que delimitan espacios de suelo oscurecidos por la combustión.


Carboneras de Chóvar (foto por PCA(c))
Mucho más probable es encontrar caleras. Se tratan de hornos de cal, de forma circular, construidos con muretes de piedra, siempre en terreno de rocas calizas. Servían para obtener a partir de ellas, y tras un proceso de calcinación, tan preciado material para la construcción de viviendas, ya que, además de embellecer las paredes de blanco, permitía mantener un buen nivel de salubridad en su interior. 

Calera, cerca de Caudiel (foto por PCA (c))
Carboneros y caleros eran oficios tradicionales que hoy han desaparecido, y los artefactos que utilizaban se encuentran en peligro de desaparecer. Las carboneras y los hornos que podemos encontrar en nuestros paseos por el monte están en estado ruinoso, desmoronadas sus piedras por el suelo y cubiertos por vegetación. Valdría la pena invertir en su recuperación al menos como homenaje a las personas que hicieron de estas prácticas su vida. Se trata en realidad de nuestro patrimonio cultural y etnológico. Convendría mantener vivo el recuerdo de estos usos y técnicas de nuestros antepasados, hoy en riesgo de ser olvidados en pocos años.  

sábado, 18 de febrero de 2017

Soy un lobo

(Mientras el mundo libra una guerra sangrienta, las bestias han bajado de las montañas para defender el bosque amenazado por los hombres y comienzan a atacar aldeas y cuidades.)

LADY EBOSHI
Ayúdame a matar al Espíritu del Bosque, Ashitaka.
"La princesa Mononoke", por Hayao Miyazaki

ASHITAKA
¿Serias capaz de matar al mismo corazón del bosque?

LADY EBOSHI
Cuando el bosque desaparezca y no haya más lobos, esta será la tierra más próspera del mundo. Y la princesa lobo se volverá humana.

ASHITAKA
¿La princesa lobo?

LADY EBOSHI
Mononoke, la princesa de los espíritus de las bestias. Los lobos robaron su alma y vive para matarme.


(Mononoke, llamada San por su madre adoptiva, la diosa loba guardiana del bosque, fracasa en su intento de atentado contra Lady Eboshi. Cuando Ashitaka le ayuda a escapar, es herido de un disparo.)

ASHITAKA
Intentaba que no te mataran a ti.

MONONOKE-SAN
No me importa morir con tal de alejar a los humanos del bosque.

ASHITAKA
Lo que pretendo es que los humanos y el bosque puedan vivir en paz.

(La guerra ha terminado y los hombres han conseguido decapitar al espíritu del bosque.
Una gran mancha negra es extiende por la tierra y el bosque está desapareciendo. Mononoke y Ashitaka observan la destrucción en medio del caos.)

MONONOKE-SAN
Vete. Los humanos merecéis morir.
"La princesa Mononoke", por Hayao Miyazaki

ASHITAKA
Sí. Yo soy humano, San, pero tú también. 

MONONOKE-SAN
¡Ya basta! Soy un lobo, ¿me oyes?

ASHITAKA
(aproximándose a Mononoke)
San... 

MONONOKE-SAN
(levantando el puño)
¡No te acerques!

ASHITAKA
(mientras San lo apuñala en el pecho con una pequeña daga de piedra)
Lo siento. Traté de impedir que pasara esto.

MONONOKE-SAN
(abrazada a Ashitaka)
Se acabó, se acabó todo. El bosque está muerto.

ASHITAKA
No ha acabado nada. Nosotros dos seguimos vivos. ¿Vas a ayudarme, San?


(Siempre hay esperanza. El Espíritu del Bosque no puede ser destruido. Él decide qué debe vivir y qué debe morir. El bosque revivirá y los hombres podrán vivir en paz si lo desean así.)

sábado, 4 de febrero de 2017

Caminando, encontré... neveros y ventisqueros

En los siglos XVIII y siguiente, se desarrolló una industria que tuvo gran demanda: la fabricación del hielo para la conservación de alimentos. De aquella época es la red de depósitos o cavas que podemos encontrar caminando por nuestras sierras, principalmente en la cara norte de las crestas. Estos pozos, normalmente con paredes circulares forradas en piedra, se llaman neveros si tienen techo, o ventisqueros si carecen de él.

Ventisquero Royo, en la sierra de la Bellida (foto por PCA (c))
Nevero se llamó también el sacrificado oficio de los habitantes de nuestras montañas, los cuales, en los días favorables tras las nevadas, salían con palas para acumular la nieve caída dentro del pozo, colocándola, bien prieta, en capas separadas por pajas, que permitieran más tarde su separación en barras de un determinado grosor. Los días más fríos del invierno, cuando la nieve cubría los campos e impedía realizar las tareas agrícolas, eran dedicados a llenar los depósitos. Y allí se conservaba, congelada, gracias a las bajas temperaturas, hasta la primavera. Era entonces cuando se sacaba del pozo ya convertida en hielo.

La tarea comenzaba al ocaso. Se cortaba con largas sierras el hielo en barras, que se cargaban en carros. Y, así, durante toda la noche, para evitar que el calor pudiera derretirlo, se transportaba a la ciudad, donde se llegaba al alba para venderlo en el mercado y en casas particulares. Quien sea curioso, podrá descubrir, cerca de Alcublas, más arriba de los corrales de Solimán, las rodadas en la roca que horadaron los carros cargados de hielo, que bajaban de los ventisqueros de la Bellida, en su camino hacia Valencia. Viendo el desnivel que salva el camino y sabiendo que ese trayecto se recorría en la oscuridad de la noche, podemos hacernos una idea del fatigoso trabajo que debían de realizar hombres y bestias para evitar que los carros se despeñaran por su propio peso.



Nevero de Cuatro Caminos o de Villamalur (foto por PCA (c))
La sierra de la Bellida, cerca del poblado de Canales, es una zona de gran concentración de esos depósitos, donde existen más de 50 ventisqueros, algunos de ellos, como el llamado Del Fraile, de imponente tamaño. En la sierra de Espadán se construyeron un importante número neveros, de los que pueden encontrarse algunos en diferentes estados de conservación: el de Castro, cerca de Alfondeguilla; el del Pinar del Retor, en el camino de Aín a Chóvar, el de Almonecir, entre Algimia y Alcudia de Veo; el del Carro, cerca de Matet; el de la Atalaia, en Suera; el de Cuatro Caminos, cerca del camino de Matet a Villamalur. También podemos descubrirlos en la sierra de Mariola, en Els Ports, junto al Penyagolosa e incluso hay alguno en la sierra Calderona.

Buscadlos. Están en nuestros montes, algo escondidos pero, casi siempre, bien comunicados por caminos carreteros con las vías principales de comunicación entre los pueblos. Son vestigios de un tiempo, en el que la nieve era más protagonista que hoy en los inviernos, y de un oficio, que desapareció con la mecanización y la producción industrial.

sábado, 21 de enero de 2017

Leete Latobarita Uruth

ABUELA
No llores, mi niña, no llores.
Escucha, hija mía, voy a enseñarte algo maravilloso.
Es una fórmula mágica contra los problemas.
"El Castillo en el Cielo", por Hayao Miyazaki

JOVEN
¿Fórmula mágica?

ABUELA
Sí. Son unas palabras muy antiguas y secretas.
"Leete Latobarita Uruth Ariaroth Bal Netoreel".

JOVEN
Leete. . .¿Qué?

ABUELA
Significa: “¡Protégeme y que la luz ilumine a todos mis seres queridos!”
Leete Latobarita Uruth Ariaroth Bal Netoreel.


jueves, 5 de enero de 2017

La caída de la gran optimista

No hay compasión en ti. Nunca la hubo. Ahora me sorprende darme cuenta de ello. Supongo que pensé que eras una especie de dios. De este modo te adoraba yo. Cada día, subías a tu pedestal y, desde allí, veías cómo yo me arrastraba para recoger las propinas que me echabas, antes de volver a marcharte, siempre de paso. Entre los despojos que dejabas, yo escarbaba para encontrar unas migajas de cariño que me permitieran sobrevivir un día más. No me daba cuenta de ello. 

Ahora sé que lo tengo merecido; por confiar en ti, cuando lo único que realmente has hecho es divertirte conmigo. Empleabas tu tiempo en mí por curiosidad, casi por deporte, pues yo era de tu propiedad. Como alguien inferior a ti siempre me trataste; me maltrataste. Y yo sufría, pero dejaba que me lo hicieras. Hasta que ya no podía más y entonces te abandonaba.

Más tarde, tú insistías en volver conmigo y yo conseguía recuperarme. Me lo pedías de una forma tan atenta, con tanto respeto, que con eso tan solo bastaba. Todos los reparos que yo te había puesto, dejaban entonces de tener importancia. Pensaba que, con esfuerzo y paciencia, todo iría bien. Por eso, me prometía a mí misma que lucharía por ti, que no daría mi brazo a torcer, aunque por tu parte no viera ningún compromiso. Y, ¿de qué sirvió?

Lo único que hacía era castigar al caballo, cuando el jinete ya había caído; lo único que logré fue alargar la agonía. Al final, nada pudo evitar que me degollaras. Sé que lo tengo merecido; por adorar a un miserable en lugar de quererme a mí misma. Apuesto a que te alegraste de mi caída. La caída de la mayor optimista que tuvo el mundo.

 
"The fall of the world's own optimist" by Aimee Mann

(Durante 2016, 49 mujeres murieron a manos de sus parejas o ex parejas en España. 
El mundo tiene 49 optimistas menos y 49 criminales más que hace un año. ¿Hasta cuando?)

sábado, 17 de diciembre de 2016

La buena memoria y la mala educación

Conservo muchos recuerdos del colegio, de mi época de E.G.B., a finales de los años 70 del siglo pasado. De la regla de la maestra de primero, siempre preparada para golpear indistintamente manos culpables e inocentes. Del profesor de segundo que no necesitaba la violencia física para mantener la atención de la mayoría. De la valentía del de tercero para enseñar valenciano en aquella época predemocrática. De cómo el de cuarto, a punto de jubilarse, con sus manos partía por la mitad aquellos paquetes de 25 tizas que más tarde prohibieron. Del sello del anillo del maestro de quinto, clavado en mi coronilla. De los insultos del de ciencias, en sexto, desesperado por no poder hacer comprender su materia.

Recuerdo aquellas asignaturas que había que aprender de memoria, casi todas. De las diez tablas de multiplicar, de que ocho por siete no son cincuenta y dos. Del catecismo, de lo que era ser cristiano y otras teorías "oficiales". De memorizar todas las partes del aparato digestivo, y de averiguar por mi cuenta las del aparato reproductor. De la insistencia de mis maestros y mis padres para recitar la lección con las mismas palabras que venían en el libro. De aquel alumno repetidor, que no quería o no podía, que se pasó medio curso con su pupitre vuelto hacia la pared del fondo, por orden de algún profesor desesperado.

"La pared del fondo", foto por PCA (c)
Hay cosas que han cambiado en la enseñanza primaria. Ya no hay amenazas, ni golpes, ni determinadas actitudes violentas o vejatorias por el profesorado. Pero algunos alumnos hacen hoy cosas que nadie se hubiera atrevido a hacer 20 años atrás. Otros aspectos de la educación no han cambiado aún. Es triste comprobar cómo se premia más a quien mejor memoria tiene. Los libros de texto siguen conteniendo datos en grandes cantidades para ser memorizados. De memoria se aprende todavía la geografía, la historia, la biología y otras materias en la mayoría de los colegios. Se fomenta la capacidad de recordar, pero no el desarrollo como persona. Me refiero al desarrollo artístico o deportivo, para los que sobreviven relegadas a una menor importancia unas pocas asignaturas. Me refiero también al desarrollo personal, del que apenas se dedica unas pocas horas semanales como tiempo de tutoría o en la asignatura alternativa a la religión.

Nuestros hijos habrán memorizado muchos datos, pero quizá no estén preparados para otras cosas importantes. Puede que cuando acaben sus estudios conozcan muchas cosas de los libros, pero no hayan aprendido a relacionarse respetuosamente con los demás, a expresar clara y eficazmente sus ideas, a competir en el mercado de trabajo. Puede que nadie les haya enseñado las herramientas necesarias para, el día de mañana, desarrollarse como ciudadano, cumplir como subordinado o ser respetado como jefe. Estos conceptos también deben formar parte de la educación de nuestros hijos.